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Un índice de masa corporal alto se ha identificado como causa directa de demencia vascular.

Doctor revisando datos en una tablet con un paciente, en una consulta médica. Hay manzanas verdes sobre la mesa.

Los médicos llevaban tiempo sospechando una relación entre el exceso de peso, la hipertensión y el deterioro de la memoria, pero el vínculo seguía siendo frustrantemente poco claro.

Ahora, un importante estudio genético ha despejado años de confusión: llevar un exceso de peso no solo acompaña a la demencia vascular, sino que contribuye directamente a causarla, en gran medida al elevar la presión arterial.

Por qué este estudio es diferente

Durante años, la investigación sobre obesidad y demencia arrojó resultados dispares y, a veces, desconcertantes. Algunos estudios hallaban que tener sobrepeso en la mediana edad aumentaba el riesgo de demencia. Otros sugerían que un mayor peso corporal en edades avanzadas podría ser, de forma extraña, protector.

Esa imagen confusa se debía a menudo a la «causalidad inversa». En las fases iniciales de la demencia, las personas con frecuencia pierden peso porque comen menos o cambia su metabolismo. Cuando esto ocurre, la delgadez puede parecer un factor de riesgo, cuando en realidad es la propia enfermedad la que está provocando la pérdida de peso.

Al utilizar la genética en lugar de simples mediciones de peso, el nuevo estudio evita la trampa de confundir causa y efecto.

El equipo, liderado desde el Hospital Universitario de Copenhague y la Universidad de Copenhague, empleó una técnica llamada aleatorización mendeliana. Este enfoque utiliza diferencias genéticas naturales que predisponen a las personas a un índice de masa corporal (IMC) ligeramente más alto o más bajo a lo largo de su vida.

Pistas genéticas de medio millón de personas

Los investigadores analizaron datos de salud y genéticos de más de 120.000 adultos en dos grandes cohortes danesas, y luego contrastaron sus hallazgos en casi 380.000 participantes del UK Biobank.

Cuando compararon simplemente el peso medido y los casos de demencia, observaron el clásico patrón en forma de U: tanto las personas con bajo peso como las obesas parecían tener un riesgo mayor que quienes tenían un peso normal.

Pero al pasar a una perspectiva genética, el patrón cambió por completo.

Cada incremento genético en el IMC se asoció a un aumento constante del riesgo de demencia vascular, sin indicios de que un mayor peso llegara a ser protector.

En conjunto, entre las cohortes danesas y británicas, un aumento de una desviación estándar en el IMC predicho genéticamente se vinculó a unas probabilidades aproximadamente un 63% mayores de desarrollar demencia de origen vascular. En otros conjuntos de datos internacionales, las estimaciones oscilaron entre un aumento de riesgo de alrededor del 54% y casi el doble, según el método utilizado.

La presión arterial está en el centro del problema

Una vez que el equipo estableció que un IMC más alto puede causar demencia vascular, plantearon una pregunta más profunda: ¿a través de qué vías biológicas el exceso de peso daña el cerebro?

Examinaron varios sospechosos habituales relacionados con la obesidad:

  • Presión arterial alta
  • Colesterol y triglicéridos elevados
  • Glucosa en sangre elevada
  • Inflamación sistémica (medida mediante proteína C reactiva)

La presión arterial resultó ser la vía principal.

La evidencia genética sugirió que una parte sustancial del riesgo de demencia asociado a un IMC más alto está mediada por la elevación de la presión arterial, especialmente por la cifra inferior (diastólica).

El análisis indicó que la presión arterial sistólica explicaba alrededor del 18% del efecto del IMC sobre la demencia vascular, mientras que la presión arterial diastólica representaba aproximadamente el 25%. Esto apunta a una cadena de acontecimientos: el exceso de grasa eleva la presión arterial; la hipertensión mantenida daña los vasos sanguíneos del cerebro; y ese daño conduce a la demencia vascular.

¿Qué es exactamente la demencia vascular?

La demencia vascular aparece cuando el flujo sanguíneo al cerebro se reduce o se interrumpe repetidamente. Las células cerebrales quedan privadas de oxígeno y nutrientes, y con el tiempo esto provoca daño tisular permanente y deterioro cognitivo.

El proceso suele implicar ictus pequeños, a veces silenciosos, o «microinfartos». De forma individual pueden pasar desapercibidos. En conjunto, erosionan habilidades de pensamiento, memoria, planificación y juicio.

Ya se sabe que la hipertensión incrementa el riesgo de ictus. Este nuevo trabajo conecta los puntos, mostrando que la hipertensión impulsada por la obesidad es un vínculo crucial entre el peso corporal y la demencia vascular.

Factor Papel en la demencia vascular (este estudio)
IMC alto Factor de riesgo causal directo
Presión arterial sistólica Media una parte del efecto del IMC (alrededor del 18%)
Presión arterial diastólica Media una proporción mayor (alrededor del 25%)
Colesterol / triglicéridos Vinculados al IMC, pero con evidencia más débil como mediadores principales
Glucosa en sangre Asociada al IMC; no es el factor clave en este análisis
Inflamación (PCR) No se encontró aquí un papel causal claro

Por qué estos hallazgos importan para la prevención

Actualmente, la demencia afecta a alrededor de 50 millones de personas en todo el mundo, una cifra que se espera que aumente conforme envejece la población. Los tratamientos farmacológicos para la demencia establecida siguen siendo limitados y, a menudo, de efecto modesto.

Los nuevos resultados indican que mantener el peso bajo control y tratar la hipertensión podría prevenir un número significativo de futuros casos de demencia vascular.

Los autores del estudio subrayan que el IMC y la presión arterial no deberían verse solo como señales de alarma en una gráfica, sino como impulsores activos sobre los que se puede actuar. Eso significa que la prevención podría comenzar décadas antes de que aparezcan problemas de memoria.

¿Podrían los fármacos para adelgazar proteger el cerebro?

Ensayos recientes han probado medicamentos modernos para la pérdida de peso en personas que ya mostraban signos tempranos de enfermedad de Alzheimer, con resultados decepcionantes hasta ahora para frenar el deterioro cognitivo.

La nueva evidencia genética sugiere que el momento puede ser crucial. Si el exceso de peso ha estado tensionando los vasos sanguíneos durante años, intervenir solo después de que aparezcan los síntomas quizá llegue demasiado tarde para rescatar tejido cerebral ya dañado.

Los investigadores sostienen que reducir peso mucho antes en la vida -mucho antes de los primeros fallos de memoria- podría todavía disminuir el riesgo de demencia, especialmente de demencia vascular. Esta cuestión sigue abierta y requerirá ensayos a largo plazo cuidadosamente diseñados.

Límites y preguntas sin respuesta

El estudio incluyó principalmente a personas de ascendencia europea, tanto en Dinamarca como en el Reino Unido. Los patrones genéticos, los factores de estilo de vida y las tasas de obesidad de base difieren entre poblaciones, por lo que las cifras exactas podrían cambiar en otros grupos.

El propio IMC es una medida burda. Se calcula a partir de altura y peso y no distingue grasa de músculo. Dos personas con el mismo IMC pueden tener composiciones corporales muy distintas. Aun así, los investigadores señalan que normalmente es el aumento de masa grasa el que eleva la presión arterial, lo que hace que el exceso de grasa corporal sea el principal sospechoso.

El diagnóstico de subtipos de demencia en la práctica clínica añadió otra capa de complejidad. La demencia vascular y la enfermedad de Alzheimer a menudo se solapan, generando casos mixtos. Incluso con esa dificultad, las señales genéticas de demencia relacionada con lo vascular en este análisis fueron distintas de las observadas para Alzheimer, lo que sugiere vías biológicas subyacentes diferentes.

Qué significa esto para la vida cotidiana

Para las personas, el mensaje encaja con el consejo clásico sobre salud cardiovascular, pero con un foco más nítido en el cerebro. Las acciones que ayudan a estabilizar la presión arterial y el peso en la mediana edad probablemente aporten beneficios para la salud cognitiva posterior.

Las estrategias típicas incluyen:

  • Vigilar la presión arterial, incluso si te encuentras bien
  • Mantener un peso saludable mediante cambios constantes y sostenibles
  • Priorizar actividad física regular, como caminar a paso ligero o ir en bicicleta
  • Limitar la sal, los alimentos ultraprocesados y el consumo elevado de alcohol
  • Tomar de forma constante la medicación antihipertensiva prescrita cuando sea necesaria

A nivel poblacional, los hallazgos refuerzan las peticiones de medidas de salud pública que favorezcan un peso corporal más saludable desde la infancia -desde políticas alimentarias hasta transporte activo- no solo para reducir infartos e ictus, sino también para proteger las capacidades cognitivas en la vejez.

Una mirada más de cerca a términos clave

Índice de masa corporal (IMC): una relación simple entre peso y estatura (kg/m²). Se utiliza ampliamente para clasificar bajo peso, normopeso, sobrepeso y obesidad en grandes estudios, aunque no puede medir directamente la grasa corporal.

Aleatorización mendeliana: método de investigación que utiliza variantes genéticas como «proxys» naturales de factores de riesgo como el IMC o la presión arterial. Dado que estas variantes se asignan en la concepción, están menos afectadas por factores de estilo de vida o sociales, lo que ayuda a distinguir correlación de causalidad.

El mensaje general que surge de este trabajo es que la salud cerebral y la salud cardiovascular están estrechamente entrelazadas. Las mismas presiones sostenidas que tensan las arterias del corazón pueden dañar silenciosamente los delicados vasos del cerebro, moldeando la claridad con la que pensamos décadas después.

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