“Hoy estás genial.”
Sonríes por educación, murmuras «¿oh, esta cosa vieja?» y, de repente, sientes que quieres salirte de tu propia piel.
Se te pone la cara caliente, el cerebro entra en pánico y empiezas a hablar demasiado rápido para cambiar de tema. Sobre el papel, un cumplido es inofensivo, incluso agradable. En tu cuerpo, cae como un diminuto terremoto social.
Más tarde, rebobinas la escena, encogiéndote de vergüenza por tu propia reacción. ¿Por qué no pudiste decir simplemente «gracias» como una persona normal? ¿Por qué una palabra amable pesa más que una crítica?
Hay un motivo por el que se te oprime el pecho cuando alguien te elogia.
Por qué los cumplidos pueden sentirse como una amenaza, no como un regalo
Lo primero raro de los cumplidos es que te ponen en el foco.
Un segundo estás existiendo en silencio, y al siguiente alguien te señala -con palabras- y dice: «Te veo».
Para algunas personas, ese foco es cálido. Para otras, es como estar en un escenario con la ropa equivocada.
Si creciste intentando no ocupar demasiado espacio, que te «vean» puede sentirse casi grosero, como si estuvieras rompiendo una regla invisible sobre mantenerte pequeña.
Así que tu cuerpo reacciona como si estuviera pasando algo peligroso, aunque las palabras sean amables.
Imagínate esta escena: tu jefe te dice: «Has llevado esa reunión de maravilla».
Se te hunde el estómago. Al instante piensas en la frase que dijiste mal, la diapositiva que pasaste deprisa, el compañero que no parecía convencido. Respondes con: «Bah, tuve suerte, tampoco fue para tanto».
Estadísticamente, las personas con menor autoestima tienden a descartar el feedback positivo más rápido que el negativo.
El cerebro registra la crítica como un tatuaje y trata el elogio como algo escrito con vaho en un espejo.
Así que, incluso cuando la gente a tu alrededor ve competencia, tu narrador interior puede seguir susurrando: «No conocen al verdadero tú».
Desde un punto de vista psicológico, los cumplidos chocan con lo que se llama tu «autoesquema»: la historia mental que llevas sobre quién eres.
Si tu historia dice «soy normalita, la lío, no destaco», entonces el elogio no encaja.
La mente ama la coherencia más que la precisión.
Así que cuando llega un cumplido y contradice tu guion interno, tu sistema se apresura a rechazarlo: «Exageran. No han visto el cuadro completo. Solo están siendo educados».
Tu incomodidad no es una prueba de que no merezcas el cumplido; es una prueba de que tu historia interna aún no se ha puesto al día.
Lo que tu reacción ante el elogio revela silenciosamente sobre ti
Un pequeño hábito puede cambiar por completo tu experiencia con los cumplidos: retrasar tu reacción dos segundos.
Esa pausa diminuta le da a tu sistema nervioso la oportunidad de ponerse al día antes de que tu boca empiece a restarle importancia a todo.
La próxima vez que alguien te diga: «Lo has hecho muy bien», respira una vez, nota los pies en el suelo y di: «Gracias».
Sin ensayo. Sin coletillas. Sin «no ha sido nada».
Ese espacio de dos segundos es donde empiezas a reconfigurar la manera en que tu cerebro se relaciona con la apreciación.
Mucha gente piensa que rechazar cumplidos es señal de humildad.
En realidad, a menudo se convierte en una forma sutil de autosabotaje.
Te apartas de las palabras amables y luego te preguntas por qué te sientes invisible o infravalorada.
Amigos y compañeros pueden ir dejando de decir cosas positivas, no porque no vean tus cualidades, sino porque cada cumplido se vuelve un momento socialmente incómodo.
Seamos sinceros: a nadie le encanta elogiar a alguien que lo tira a la basura en el acto.
Aprender a recibir no significa volverse arrogante; significa no cortar el cable cada vez que alguien intenta conectar contigo emocionalmente.
A veces, aceptar un cumplido tiene menos que ver con creerlo y más con respetar a la persona que te lo ha hecho.
- Empieza con una aceptación neutra
Aunque tu cerebro esté gritando «¡ni de broma!», responde con un simple «Gracias, significa mucho para mí». Ya llegará la creencia más adelante. - Usa una frase “puente”
Contesta: «Estoy trabajando en creerme eso sobre mí». Es honesto, vulnerable y no rechaza el gesto de la otra persona. - Fíjate primero en tu cuerpo
Cuando llega el elogio, escanea: mandíbula tensa, hombros encogidos, respiración superficial. Relaja una sola cosa. La meta no es la perfección, solo menos tensión. - Cambia la autocrítica por curiosidad
En lugar de «Se equivocan», prueba: «¿Qué están viendo ellos que yo todavía no estoy acostumbrada a ver?». La curiosidad suaviza la resistencia interna. - Practica en momentos de bajo riesgo
Con un amigo o tu pareja, pídele que te haga un cumplido una vez y ensaya simplemente decir «Gracias» sin desviar. Te resultará raro. No pasa nada.
Dejar que el elogio entre sin perderte
La forma en que respondes a los cumplidos suele ser la forma en que respondes a la amabilidad en general.
Si la amabilidad te inquieta, puede ser porque en algún momento aprendiste que el amor era condicional, dependía del rendimiento o era impredecible.
Cuando aparece el elogio, ese viejo guion también se activa. Susurra que, si aceptas lo bueno, se esperará que des aún más, o decepcionarás a la gente después.
Así que te mantienes «a salvo» empujando el cumplido hacia fuera.
No estás rota por hacer eso. Solo estás sobreprotegiendo a una versión antigua de ti que necesitó esa defensa.
Con el tiempo, puedes convertir los cumplidos en pequeños puntos de datos en lugar de minas emocionales.
No verdades absolutas, no mentiras: información del mundo exterior.
No tienes que estar totalmente de acuerdo con cada palabra amable para dejar que te llegue.
Puedes tratar el elogio como una postal: a veces viene de un turista, a veces de alguien que conoce bien la ciudad, pero aun así te dice cómo se ve todo desde otra ventana.
Poco a poco, esos reflejos externos pueden aflojar el agarre de tu voz interior más dura, si permites que al menos una fracción se quede.
También hay una parte social: cuando aceptas un cumplido, no solo recibes, participas.
Estás diciendo: «Te escucho, valoro tu perspectiva, estoy dispuesta a que este momento exista entre nosotros».
Ese pequeño instante de realidad compartida es pegamento para las relaciones.
Amigos, parejas, compañeros se sienten más cerca cuando su aprecio no rebota contra una pared.
No tienes que convertirte en la persona que está de acuerdo en voz alta con cada cumplido.
Solo necesitas la suficiente apertura para dejar que la buena intención de alguien te toque, aunque sea un momento, sin discutirla inmediatamente.
| Punto clave | Detalle | Valor para el lector |
|---|---|---|
| Los cumplidos chocan con tu historia interna | El elogio suele contradecir creencias arraigadas sobre ti | Ayuda a explicar por qué te sientes impostora o tensa cuando la gente es amable |
| Desviar el elogio tiene costes sociales | Los demás pueden dejar de compartir feedback positivo si siempre se rechaza | Muestra cómo «ser modesta» puede crear distancia sin querer |
| Recibir es una habilidad que puedes entrenar | Herramientas pequeñas como pausar, aceptación neutra y conciencia corporal ayudan | Da formas concretas de sentirse menos incómoda y más centrada |
Preguntas frecuentes (FAQ)
- ¿Por qué me siento casi enfadada cuando alguien me hace un cumplido?
Ese fogonazo de irritación suele venir de un conflicto interno: el cumplido choca con cómo te ves. El «enfado» es tu mente defendiendo su vieja historia.- ¿Es de mala educación discrepar de un cumplido?
Puede sentirse despectivo para quien lo da. Es mejor decir «Gracias» primero y, si hace falta, compartir tu punto de vista sin tirar por tierra lo que acaba de expresar.- ¿Cómo puedo dejar de sobreanalizar cada cumplido?
Limita la «ventana de análisis». Nota el cumplido, nombra la emoción («me siento incómoda»), da las gracias y devuelve la atención al momento presente, no a la repetición en tu cabeza.- ¿Y si de verdad no me creo lo que me están diciendo?
No tienes por qué. No estás firmando un contrato. Solo estás reconociendo su experiencia: «Aún no estoy ahí, pero agradezco que veas eso en mí».- ¿Puede la terapia ayudar con esta incomodidad?
Sí. Trabajar con un profesional puede descubrir cómo se formó tu autoimagen, por qué el elogio se siente inseguro y cómo construir poco a poco una versión de ti que no entre en pánico cuando alguien ve tu luz.
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