Saltar al contenido

Más de 400.000 hectáreas de turberas restauradas almacenan carbono, previenen incendios y ayudan a recuperar sistemas climáticos frágiles.

Persona tomando muestras de suelo en un pantano, con plano y vaso de plástico sobre la vegetación.

Algún lugar bajo sus pies, metros de antiguo material vegetal yacen empapados, oscuros como el café, almacenando en silencio más carbono del que un bosque jamás podría. A lo lejos, una bomba zumba, empujando el agua de vuelta sobre una tierra que fue drenada, cultivada, quemada y olvidada. Aves que rara vez se oyen en las ciudades silban desde matas de cárices y musgo. Una rana salta, dejando un pequeño círculo en la superficie inundada. Nada aquí grita “solución climática” a primera vista. Solo parece un campo encharcado, de esos por los que normalmente pasarías en coche sin mirarlo dos veces. Y, sin embargo, este barro, esta agua, este silencio… están reescribiendo una parte de nuestra historia climática.

De pantanos drenados a guardianes del clima

Hace una generación, muchas de estas turberas se trataban como espacio perdido. Las zanjas de drenaje cortaban el terreno en líneas rectas, dejando que el agua se escapara para que pudieran pasar los tractores. Una vez seca, esa turba empezó a desmoronarse y a oxidarse, enviando su carbono almacenado al aire como una quema lenta e invisible. Ahora, en un cambio global silencioso, más de 400.000 hectáreas de turberas han sido rehumedecidas. Los niveles de agua vuelven a subir. Lo que parecía un daño irreparable se está convirtiendo poco a poco en una enorme bóveda viva de carbono.

En un antiguo lugar de extracción de turba en el norte de Alemania, puedes caminar por un viejo camino donde antes las máquinas cortaban bloques de turba para usarlos como combustible. Hoy ese mismo sitio es un mosaico de charcas brillantes. El musgo esfagno, la esponja de las turberas, vuelve a avanzar sobre el suelo inundado. Los bomberos locales dicen que sus salidas en verano han disminuido desde que empezó la rehumectación. Donde antes la turba, seca como un hueso, ardía lentamente bajo tierra durante días, el humedal ahora se niega a arder. En imágenes satelitales, la zona ha pasado de ser un foco naranja recurrente a una mancha azul y fresca.

La rehumectación funciona porque la turba es, básicamente, una cápsula del tiempo a cámara lenta. Durante miles de años, las plantas crecieron, murieron y se hundieron en un suelo encharcado donde nunca llegaron a descomponerse del todo. Esa biomasa medio podrida encerró enormes cantidades de carbono. Drena la tierra y el oxígeno irrumpe, acelerando la descomposición y liberando CO₂ y metano. Vuelve a elevar el nivel freático y la descomposición se ralentiza drásticamente. La turba deja de encogerse. Las emisiones se desploman. En lugar de comportarse como una chimenea con fugas, el paisaje vuelve a ser un almacén de carbono y, con el tiempo, en muchos casos, un sumidero neto de carbono.

Cómo funciona realmente la rehumectación sobre el terreno

El movimiento básico es sorprendentemente simple: bloquear el drenaje y devolver el agua. Sobre el terreno, eso significa taponar antiguas zanjas con diques de tierra, instalar pequeños azudes o incluso eliminar redes enteras de canales. En algunas turberas tropicales, las excavadoras remodelan el terreno para que el agua de lluvia y de los ríos pueda extenderse y permanecer. Una vez que el nivel del agua se mantiene cerca de la superficie, empieza la “magia”. El suelo se enfría. La actividad microbiana se ralentiza. Aparecen nuevas plantas de humedal. No es un trabajo glamuroso, pero cada zanja bloqueada es como cerrar un grifo de carbono atmosférico.

Los detalles importan, y rara vez son limpios. Los agricultores temen perder sus campos, las comunidades locales se preocupan por los mosquitos y los conservacionistas discuten sobre qué significa realmente “natural”. En una turbera rehumedecida en Escocia, hubo que gestionar cuidadosamente el pastoreo para que las ovejas no pisotearan los musgos en regeneración. Un año, los ingenieros calcularon mal los niveles de agua, inundaron una carretera cercana y desataron titulares furiosos. Estos momentos son reales. Aun así, con el tiempo los proyectos tienden a estabilizarse y muchos propietarios descubren nuevas formas de convivir con un terreno más húmedo: cultivos de paludicultura como los carrizos, el cultivo de musgo de turbera para horticultura, cabañas de ecoturismo sobre pasarelas elevadas.

Desde el punto de vista de la ciencia del clima, las cifras son difíciles de ignorar. Las turberas cubren solo alrededor del 3% de la superficie terrestre, y aun así almacenan más carbono que todos los bosques del mundo juntos. Cuando se drenan, pueden emitir varias toneladas de CO₂ por hectárea cada año. Cuando se rehumedecen, esas emisiones caen de forma drástica, a veces un 80–90% o más. Ese cambio es como transformar una fuente constante y oculta de contaminación en una bóveda casi sellada. El paisaje no se vuelve perfecto ni prístino de la noche a la mañana. Pero cada hectárea rehumedecida es una elección deliberada para mantener miles de toneladas de carbono donde deben estar: bajo tierra, empapadas y en silencio.

Qué debe ocurrir ahora - y dónde entras tú

Rehumedecer turberas a gran escala es en parte cuestión de dinero y en parte de mentalidad. Técnicamente, sabemos cómo bloquear zanjas y restaurar niveles de agua. El reto es convencer a gobiernos, empresas y propietarios para que lo apoyen a largo plazo. Ayudan los incentivos inteligentes: pagar a los agricultores por servicios climáticos, respaldar nuevos cultivos húmedos, redirigir subvenciones lejos de usos que dependen del drenaje. Si vives en un país con turberas -desde Indonesia hasta Irlanda o Canadá-, tu voz en los debates de planificación local puede influir en si las turberas drenadas se quedan como están o reciben una segunda vida como amortiguadores climáticos.

También hay un lado muy humano en todo esto. Rehumedecer suele significar aceptar que los paisajes se verán y se sentirán distintos. Los caminos se embarran más. Los campos se convierten en lagos someros parte del año. En una turbera baja rehumedecida en los Países Bajos, al principio a los vecinos les costó asumir que “perdían” sus campos abiertos bajo el agua poco profunda y los carrizales. Con el tiempo, llegaron observadores de aves, los niños aprendieron a ver libélulas y abrió un pequeño café cerca de la nueva pasarela. No todos los lugares seguirán ese guion. Pero en muchos proyectos se repite un patrón: lo que empieza como pérdida se transforma poco a poco en un nuevo tipo de vínculo.

“No estamos dando marcha atrás hasta una fantasía de naturaleza salvaje”, dice un restaurador de turberas en Finlandia. “Estamos decidiendo sobre qué tipo de suelo queremos estar de pie en el futuro”.

Para cualquiera que se preocupe por el clima, esa elección está más cerca de lo que parece:

  • Pregunta dónde están las turberas de tu país y si están drenadas o protegidas.
  • Apoya a grupos y campañas que impulsan financiación para la restauración de turberas.
  • Cuestiona productos vinculados a la extracción de turba, desde sustratos para macetas hasta combustible barato.

Seamos sinceros: nadie hace esto de verdad todos los días. Pero los grandes cambios a menudo empiezan con un puñado de personas a las que les importa lo suficiente como para insistir, votar y seguir apareciendo.

Una solución climática húmeda, desordenada y esperanzadora

Ponte al borde de una turbera recién rehumedecida al anochecer y sientes algo inusual en las noticias climáticas: calma. Sin turbinas girando, sin paneles zumbando, sin una solución tecnológica heroica. Solo agua recuperando lentamente su lugar y, con ello, una oportunidad de enfriar suavemente un sistema febril. Todos hemos tenido ese momento en el que la escala de la crisis climática se siente como una piedra pesada sobre el pecho. Mirar un pantano inundado y saber que el carbono antiguo se queda bajo tierra en vez de escaparse hacia el cielo no lo resuelve todo. Pero aligera el peso, aunque sea un poco.

Estas más de 400.000 hectáreas ya rehumedecidas son una prueba de concepto, no la meta. Millones más siguen drenándose y ardiendo lentamente, desde los pantanos de la cuenca del Congo hasta la tundra siberiana. Los incendios seguirán poniendo a prueba nuestra determinación, y los años secos tentarán a los gobiernos a exprimir más “utilidad” de los humedales. La cuestión no es tanto si la rehumectación funciona, sino si estamos dispuestos a respaldarla con atención, presupuestos y paciencia. Las turberas no gritan. Rezuman. Esperan. Y quizá, en un siglo que se siente más caliente cada temporada, esa paciencia lenta y empapada sea justo el aliado que necesitamos.

Punto clave Detalle Interés para el lector
Las turberas como bóvedas de carbono Almacenan más carbono que todos los bosques, ocupando solo ~3% de la tierra Muestra por qué estos “pantanos” importan tanto como la tecnología climática más famosa
Impacto rápido de la rehumectación Subir el nivel del agua puede recortar emisiones de turba drenada hasta en un 80–90% Revela una acción climática concreta, ya disponible, con grandes beneficios
Beneficios locales Menos incendios, nuevos medios de vida, mayor biodiversidad y microclimas más frescos Hace el tema personal, más allá de objetivos climáticos abstractos

Preguntas frecuentes

  • ¿Qué es exactamente la turba y por qué almacena tanto carbono? La turba es material vegetal parcialmente descompuesto que se acumula en condiciones encharcadas y con poco oxígeno. Como la descomposición es muy lenta, el carbono de siglos de plantas queda atrapado en el suelo en vez de volver rápido al aire.
  • ¿Por qué secar las turberas provoca incendios y emisiones? Cuando se drena la turba, entra oxígeno y se acelera la descomposición, liberando CO₂ y, a veces, metano. Con tiempo caluroso y seco, ese material orgánico deshidratado puede prender y arder bajo tierra durante semanas.
  • ¿Rehumedecer las turberas siempre las convierte de nuevo en un sumidero de carbono? No de forma inmediata. La rehumectación suele recortar las emisiones rápidamente, pero convertir un lugar en sumidero neto puede tardar años y depende de la vegetación, los niveles de agua y de lo degradada que estuviera la turba al principio.
  • ¿Pueden los agricultores seguir usando turberas rehumedecidas de forma productiva? Sí, mediante la paludicultura: cultivar especies de humedal como carrizos, eneas (espadañas), musgo de turbera o incluso ciertas bayas y árboles que prosperan en condiciones húmedas, en lugar de agricultura clásica de secano.
  • ¿Qué puedo hacer si vivo lejos de cualquier turbera? Puedes reducir la demanda de productos a base de turba, especialmente en jardinería; apoyar a ONG que trabajan en restauración de turberas; y promover políticas climáticas que reconozcan las turberas como paisajes de alta prioridad para proteger y rehumedecer.

Comentarios

Aún no hay comentarios. ¡Sé el primero!

Dejar un comentario